Las minas de carbón y la térmica de Andorra deben cerrarse

El carbón no tiene futuro si queremos frenar las consecuencias del cambio climático. La cantidad de carbono (presupuesto de carbono) que la humanidad puede emitir sin comprometer seriamente la estabilidad climática requiere que la mayor parte de las reservas de combustibles fósiles, en especial el carbón, no se extraigan. La pretensión de seguir indefinidamente con la térmica de Andorra chocará frontalmente con los planes de reducción de emisiones de la Unión Europea, alargando la agonía del mundo del carbón, y supone una grave irresponsabilidad ambiental.

El último informe del IPCC [1] ha dejado claro que la cantidad de CO2 (dióxido de carbono) que se puede emitir a la atmósfera tiene un límite físico si no queremos desestabilizar peligrosamente el clima terrestre. Esa cantidad, denominada “Presupuesto de carbono”, nos da un margen temporal y cuantitativo de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero que la humanidad puede permitirse liberar, aunque sea aproximado y basado en probabilidades [2] . Por ello cada vez que se vierte CO2 a la atmósfera, tonelada a tonelada, nos acercamos más al límite y estrechamos todavía más el ya escaso margen de maniobra que va a tener la humanidad en las próximas décadas.

Como han indicado reiteradamente multitud de informes entre las medidas más elementales y urgentes que se deben tomar para reducir las emisiones de CO2 que provocan el calentamiento global del clima está la de eliminar la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas). Ello requiere, para empezar, dejar de subvencionar y proteger los combustibles fósiles, y sustituir las fuentes energéticas de origen fósil por fuentes renovables (energía solar, eólica, etc.). Además la primera fuente energética fósil que debe desaparecer es la del carbón y ello se debe fundamentalmente a dos razones. La primera es que es el combustible fósil que genera más CO2 por unidad conseguida de energía útil [3] y la segunda es que el carbón, empleado mayoritariamente para producir electricidad, tiene desde hace años muchas alternativas técnicas que permiten sustituirlo sin problemas [4]. La sorprendente pervivencia del carbón en España ha sido debida principalmente a cuestiones políticas, no técnicas.

En Aragón la central térmica de Andorra es la principal industria emisora del CO2 que calienta el clima y la que determina un importante porcentaje de las emisiones totales aragonesas, en torno al 25% de ellas. En los últimos 10 años (2005-2014) ha emitido una media de 4´84 millones de toneladas de CO2 al año y eso a pesar de la crisis que tuvo el carbón en el 2009 y 2010 (véase gráfico), pues antes del 2007 la media rondaba los 7 millones de toneladas de CO2 al año. Por ello cualquier política seria de lucha contra el cambio climático en Aragón, que no quiera quedarse solo en los aspectos secundarios o en cosmética verde, debe pasar ineludiblemente por el cierre de las minas de carbón y de la térmica de Andorra.

Sin embargo, pese a la necesidad de tomar medidas urgentes contra el cambio climático, en Aragón se sigue apostando por el carbón. La empresa dueña de la central de Andorra, Endesa-Enel, debe abordar una inversión de alrededor de 230 millones de euros en la térmica para adaptarse a las exigencias europeas en cuanto a emisiones contaminantes, en especial a lo que se refiere a los óxidos de nitrógeno [5]. Por ello ha seguido su tradicional juego de amenazar, de un modo más o menos disimulado, con el cierre de la térmica para conseguir que se subvencione con dinero público, una vez más, una parte considerable de la inversión económica que debe hacer. Producto de ese juego, en el que se usa a las poblaciones mineras como rehén político, es el apoyo unánime recibido del Gobierno de Aragón y de las Cortes Aragonesas a la continuidad de la central térmica, así como una promesa de subvención, por parte del Ministerio de Industria, de alrededor de 94´5 millones de euros, subvención que pretende todavía que se aumente más manteniendo el juego del si cierra o no la térmica.

De cara a la próxima cumbre internacional de París sobre el cambio climático, que tendrá lugar en noviembre, la Unión Europea ya ha avanzado su objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030, que es el de un 40% respecto al año de referencia (o año base, 1990). Falta ver como piensa repartir la Unión Europea su compromiso de reducciones entre sus países miembros pero va a ser muy difícil, por no decir imposible, que el estado español pueda cumplir su parte del compromiso sin eliminar el carbón. En el porcentaje teórico que le supondría a Aragón, las emisiones aragonesas tendrían que estar alrededor de 10´76 millones de toneladas de CO2 para el 2030 [6]. En el 2014 las emisiones aragonesas estarán cerca de los 17 millones de toneladas y por tanto para el 2030 la reducción a conseguir debería ser de más de 6 millones de toneladas, es decir una reducción en torno al 36% en 16 años, cifra prácticamente imposible de conseguir sin eliminar el carbón del presupuesto aragonés de emisiones.

Ecologistas en Acción considera que la política de apoyo al carbón, y a la térmica de Andorra en particular, es continuar en un camino que no tiene salida y que, mas bien pronto que tarde, sea por imposición de la Unión Europea o por la propia fuerza de los desastres climáticos, el carbón tendrá que abandonarse. Por ello es ahora cuando se debe abandonar el carbón y abordar un cambio radical en la economía de las poblaciones mineras que haga el cambio menos traumático. Seguir con el carbón es un error político que pagará la sociedad aragonesa y una grave irresponsabilidad ambiental que contraeremos en una lucha contra el cambio climático que incumbe a toda la humanidad.