Contra los monocultivos paremos a las empresas que plantan para quemar

El 21 de septiembre se celebra el Día Internacional contra los Monocultivos de Árboles, un tipo de plantaciones que llevan años experimentando un enorme ascenso por el incremento en la demanda de biomasa para la producción de diferentes formas de energía.

Por ello, varias organizaciones, entre ellas Ecologistas en Acción, quiere señalar a través de la campaña #PlantanParaQuemar a aquellos que están detrás de la destrucción de importantes ecosistemas y la especulación sobre los bosques. Un modelo de negocio que es un problema climático, sanitario y social.

El aceite de palma es uno de los grandes ejemplos de cómo en los últimos años la demanda de agrocombustibles ha generado, especialmente en los países tropicales, la deforestación de miles de hectáreas de selva y turberas. Actualmente, el principal destino de dicho aceite en la UE es la producción de energía, mayoritariamente en forma de agrodiésel, por encima de su uso alimentario. El 76% del agrodiésel consumido en España en 2015 se fabricó a partir de aceite de palma importado de Indonesia y Malasia. Esta materia prima está profundamente ligada a la explotación laboral y a la vulneración de derechos en casi todos los países productores [1].

Los aceites vegetales se transforman en agrodiésel en refinerías como las de Bilbao y Castellón, tanto para consumo en el mercado nacional como para exportar a otros países de la UE. Unas refinerías ante las que solo cabe pedir su cierre como viene haciendo Ecologistas Martxan y Ecologistes en Acció del Pais Valencià.

Muchos de los argumentos a favor de los agrocombustibles se basan en sus posibles beneficios climáticos, hecho que ya ha sido demostrado erróneo en numerosos informes como las conclusiones realizadas por Transport & Environment sobre el estudio Globiom encargado por la UE, o el informe sobre la situación de los agrocombustibles en España realizado por Ecologistas en Acción.

Así, el conjunto de agrocombustibles consumidos en el Estado español provoca el doble de las emisiones de gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles a los que sustituye, como consecuencia del predominio del agrodiésel de palma.

Del mismo modo la gestión de la biomasa leñosa se encuentra sometida a una creciente presión especialmente tras la publicación de varios proyectos de incineradoras de biomasa con potencias iguales o superiores a los 40 MW.

Centrales que requieren ingentes toneladas de materiales ligno-celulósicos que dan un nuevo impulso a plantaciones forestales industrializadas como las de eucaliptos en regiones como Galicia. Región en la que a pesar de las movilizaciones ciudadanas, como la de la Plataforma pola Defensa da Ria, en contra de la continuidad de la papelera de ENCE con más de 60 años [2], se propone por esta misma empresa un proyecto de construcción de una incineradora en Ponteareas; rechazado por organizaciones locales como la Asociación para a Defensa da Natureza do Condado.

Una realidad que no es ajena a otros lugares de la península como Monzón (Aragón), donde Ecologistas en Acción del Cinca mostró las consecuencias del proyecto a través de una carroza el 21 de septiembre. Del mismo modo Ben Magec- Ecologistas en Acción de Canarias ha mostrado su oposición a las pretensiones de instalar una nueva incineradora de biomas cerca de Las Palmas.
Esta forma de concentración de la producción eléctrica a partir de biomasas forestales (y agrarias) no solo requiere de grandes cadenas de transporte y masivas importaciones, sino que además sus emisiones generan cambio climático y partículas como sólidos volátiles o benzopirenos, que provocan importantes efectos sobre la salud de las poblaciones cercanas.

En el Día Internacional contra los Monocultivos de Árboles conviene hacer una reflexión sobre que la salida a la actual crisis climática no puede hacerse en base a la quema de los recursos de nuestros bosques y campos, ya sea en forma sólida o líquida. Es una falsa solución que nos aleja de frenar el cambio climático, pero que además supone una presión insostenible para los ecosistemas, acapara los terrenos alimentarios para usos energéticos e incrementa la presión sobre recursos como el agua. Por ello es necesario anteponer un modelo que ante la concentración de la producción, desarrolle una descentralización del uso de los recursos, priorizando los usos materiales de la materia orgánica frente a su valorización energética, y además detenga la industrialización de los bosques y los sistemas agrarios mediante el desarrollo de un manejo basado en la agroecología y en la conservación de los ecosistemas.

A continuación reseñamos las acciones que se han dado a lo largo del Día Internacional de Lucha Contra los Monocultivos de Árboles y de la campaña #PlantanParaQuemar