La Cuenca Media del Júcar no necesita más obras, sino menos codicia

Ecologistas en Acción, la Asociación para la Conservación de los Ecosistemas de La Manchuela y la Sociedad Albacetense de Ornitología advierten que megaproyectos como la segunda fase de la sustitución de bombeos en La Mancha Oriental amenazan a la naturaleza y a las arcas públicas

El pasado 10 de octubre de 2016 los medios de comunicación se hicieron eco de la reunión que tuvo lugar entre la Junta Central de Regantes de La Mancha Oriental (JCRMO) y la Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla-La Mancha. Se afirmaba que después de varios años de paralización administrativa, la Junta va a reunirse con el Ministerio de Agricultura para impulsar la segunda parte de la sustitución de bombeos en La Mancha Oriental, unas obras valoradas en más de 100 millones de euros según documentos de la Confederación Hidrográfica del Júcar.

Ante esta posibilidad, algunos colectivos ecologistas de la provincia de Albacete opinamos que como consecuencia de los menores recursos reales de agua existentes en las últimas décadas, así como los menores previstos en el futuro como consecuencia del avance del cambio climático, más que nuevas obras que absorban escasos presupuestos públicos y exiguos recursos de agua, tocaría avanzar en la dirección de reducir los consumos futuros de agua en el regadío.

Lecho del Júcar seco - Abril de 2008

Las obras de la sustitución de bombeos sólo buscan garantizar el suministro a los regadíos de la zona, precisamente los causantes de la sobreexplotación del acuífero y de la progresiva desaparición de aportes subterráneos al cauce del Júcar. Si las mismas se llevaran a cabo, la situación de nuestros espacios del agua empeoraría.

En el mejor de los casos, el agua superficial que se detraiga para la sustitución de bombeos, se compensará dentro de varios años si finalmente se recupera el acuífero debido a los menores bombeos. Pero a varios años vista, hasta que se produzca esa hipotética recuperación de niveles que vuelva a interconectar el acuífero con cauces y manantiales, el agua que va a correr por el río va a ser menor de la que ahora lo hace, en la misma cuantía en que se detraiga de Alarcón para sustituir bombeos.

En el peor de los casos, el agua superficial que se detraiga para la sustitución de bombeos, no se compensará con una recuperación del acuífero (aún no conocemos en este país ninguna experiencia exitosa en ese sentido), por lo que el río permanecerá descolgado del acuífero con el agravante de menores caudales circulantes por su cauce tras las obras de sustitución de bombeos. En el futuro nuestro río Júcar en su cuenca media será más vulnerable de lo que ya lo es ante los vaivenes de la acción humana y del cambio climático.

Lecho del Júcar seco - Abril de 2008

No podemos olvidar cuándo comenzó a hablarse de las obras de sustitución de bombeos en La Mancha Oriental. Fue a partir del Plan Hidrológico del Júcar del año 1998, que se gestó después de haber dejado completamente secos 40 km del tramo medio del Júcar en la provincia de Albacete. Dicho Plan, consensuado entre la Junta de Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, en la línea de una política de agua trasnochada y esquilmante, ha permitido seguir detrayendo más recursos de agua de un río exhausto, a la vez que se sacó de la manga la irresponsabilidad de un nuevo trasvase: el del Júcar al Vinalopó. Desde entonces hasta ahora no han parado de crecer los regadíos intensivos en la cuenca media del Júcar, convirtiéndose en los principales responsables de la caída de niveles del acuífero y del consiguiente secado de manantiales y cauces. Y por si fuera poco, en los últimos años se están disparando los regadíos de cultivos leñosos (viñedo, olivo y almendro) con un grave impacto adicional sobre determinadas zonas del acuífero.

Los colectivos ecologistas de la provincia de Albacete hacemos un llamamiento para debatir y aplicar una política de agua que garantice los caudales ecológicos y los abastecimientos urbanos desde su origen subterráneo tradicional, revisando las demandas de regadío que actualmente están sobredimensionadas, muy por encima de los recursos renovables de la cuenca.




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