Estudio cooperativo del arbolado en el casco urbano

En el Colectivo Ecopacifista Solano Ecologistas en Acción El Viso del Alcor hace tiempo que aprendimos que “La Tierra no nos ha sido heredada por nuestros padres, sino prestada por nuestros hijos”.

El aumento de la temperatura media del planeta o calentamiento global, causado por la emisión excesiva de gases invernadero, puede provocar una catástrofe climática que desequilibrará los ecosistemas y conllevará plagas, pérdidas masivas de cosechas, escasez de alimentos, aumento de enfermedades, extinción de especies, incrementos de huracanes, anegación de ciudades, etc. Decir cambio climático es sinónimo de ecocidio y genocidio, porque se llevará por delante a gran parte de la población humana.

Estamos al borde de un abismo, porque el delicado equilibrio de la biosfera del planeta está al límite. La comunidad científica está lanzando gritos de alarma: llegó el momento de ponerse las pilas o de “irnos al carajo”. Se estima que queda un lustro para reaccionar y lograr un cambio de modelo económico, energético, social y cultural que evite la catástrofe. Sin embargo, seguimos hipnotizados, alienados, por el consumismo que nos han inyectado las élites, a través de los medios de comunicación o, mejor dicho, de intoxicación. Hay que abandonar la idea de que es posible un crecimiento continuado e ilimitado de la economía en un planeta con recursos finitos. Es necesario construir una nueva civilización que haga las paces con la naturaleza, con cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción y los valores, cambiando los conceptos de riqueza, felicidad y calidad de vida, aprendiendo a vivir con menos materiales y energía, con más redistribución de la riqueza. La economía tiene que orientarse al bien común, a la satisfacción de las necesidades básicas de todos, dentro de los límites que impone la biosfera, y no al lucro, al incremento del beneficio privado.

Así, pues, frenar el cambio climático, junto con el hambre y las guerras –motivadas en gran parte por el control avaricioso de las energías fósiles, que están provocando a su vez el calentamiento global- es el mayor desafío que enfrenta la humanidad y el ejemplo más visible de las miserias y grietas de nuestra civilización capitalista.

Una de las grandes causas del cambio climático es la pérdida de gran parte de la arboleda del planeta, que actúa como sumidero o filtro de los gases invernaderos. Los árboles han mantenido durante milenios el equilibrio adecuado de la atmósfera, haciéndola respirable; han actuado como reguladores del clima, como antídotos del cambio climático, pues han tenido bajo control a los gases que calientan la atmósfera, convirtiéndolos en oxígeno. Además de regular ciclos naturales fundamentales -el ciclo del aire, el del agua y el del suelo-, los árboles amortiguan el ruido y el viento, ajustan la temperatura ambiental, retienen el polvo, atenúan los rayos solares, proporcionan sombra, controlan la humedad, atraen la lluvia, recargan los acuíferos, frenan la erosión, enriquecen los suelos, embellecen calles y paisajes, sirven de refugio a los animales y aportan frutos. En definitiva, son una insustituible fuente de recursos para la humanidad y para los animales, son el soporte más importante que tiene la naturaleza para hacer posible la vida.

Pese a ser muy importantes para garantizar nuestra salud y bienestar, el trato que les venimos dando en nuestro pueblo es deprimente. Se están prodigando los incendios y la tala de árboles, debido a las prácticas agrícolas dominantes, al pastoreo incontrolado y a un desarrollo urbanístico mal enfocado, sin tener en cuenta el ecourbanismo. Se ha aplicado una política urbanística que olvida las zonas verdes y la implantación de arbolado, incluso en el cementerio donde este brilla por su ausencia en las nuevas construcciones. A la desaparición de la vegetación de huertas enteras, ha habido que sumar la deforestación del escarpe, de las riberas de los arroyos y de los padrones. Apenas nos quedan espacios forestales desarrollados y menos aún huellas del bosque autóctono (encinas, alcornoques, algarrobos y acebuches). La mayoría de árboles (alóctonos y autóctonos) no superan los 20 años y tenemos escasísimos árboles (véase nuestro Catálogo de Árboles Singulares en nuestra web). El consumo de papel y madera, entre la población visueña, es tan excesivo como en la media de España. No brillamos precisamente por ser ejemplares, por austeros, en este sentido.

Hemos vivido unos años, en nuestro pueblo, en los que la política municipal, con respecto al arbolado urbano -que es el objetivo de este trabajo-, ha sido de despreocupación y de falta de sensibilidad, pues se ha tratado a estos seres vivos, en muchas ocasiones, como meros objetos inservibles, despreciando los innumerables beneficios que aportan. Así, hemos sufrido paulatinamente la eliminación parcial -o incluso total, en algunos puntos- del arbolado de calles y plazas, contemplándose actualmente numerosas mermas.

Con la intención de compensar la pérdida de la vegetación de las huertas y campos que nos rodeaban e ir recuperando la vegetación urbana, tan imprescindible para mantener saludable cualquier ciudad, hemos realizado este pequeño estudio de algunos puntos que debieran ser reforestados, en unos casos, o cuidados y mejorados, en otros. Queremos llamar la atención sobre este problema medioambiental para que se profundice en la puesta en marcha de acciones que pongan en valor el arbolado, lo protejan y lo extiendan por todo nuestro pueblo. EN ESE SENTIDO, HACEMOS UN LLAMAMIENTO PARA QUE ESTE TRABAJO QUE HEMOS INICIADO -Y QUE PRETENDE SER COOPERATIVO- LO COMPLETE LA POBLACIÓN APORTANDO NUEVOS PUNTOS DEL PUEBLO CON DÉFICITS DE ÁRBOLES O ARBUSTOS.

Vemos también muy urgente que el Ayuntamiento se despabile y realice una continua campaña educativa, donde se haga entender al conjunto de la población que los árboles -y la vegetación urbana- son seres vivos imprescindibles para la vida, que merecen ser respetados por sí mismos, y que, por tanto, en nuestras calles y plazas, son elementos que van más allá de la pura decoración, por lo que su conservación, mantenimiento y protección es tarea de todos, y no solo del Ayuntamiento. Aún son muchas las personas que se quejan de los árboles como elementos molestos, porque desprenden muchas hojas o porque levantan las aceras, y a las primeras de cambio piden su talado. El Ayuntamiento no debe repetir los errores del pasado y elegir bien el tipo de árbol que se debe poner en la vía pública, amén de procurar que las nuevas calles tengan un acerado más amplio.

Entre todos y todas tenemos que contribuir a que nuestro entorno sea cada vez más saludable, hermoso y ecológico.




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