Seamos la voz de nuestros árboles urbanos

Son muchas las veces que Guelaya-Ecologistas en Acción ha denunciado públicamente las podas excesivas y sin motivo de los árboles de la ciudad, sin que hasta ahora estas denuncias se hayan tenido mínimamente en cuenta. Toca cambiar de estrategia, y que sean los ciudadanos los que alcen la voz por estos ancianos árboles que llevan medio siglo dando servicio a la ciudad.

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Ficus microcarpa de la calle Jiménez Iglesias

Lo que ha ocurrido con los grandes ficus del edificio de Correos ha provocado la indignación de muchos ciudadanos de Melilla; estos veteranos árboles formaban parte del paisaje de esa zona céntrica de Melilla, y por su porte y belleza eran para muchos melillenses monumentos naturales de pleno derecho.

Ya en los años 80 fueron desmochados de tal modo que uno de ellos no sobrevivió, y los demás han tardado décadas en recuperarse de aquella mutilación. Cuando comenzaron a podar el primer árbol, recibimos muchos mensajes de melillenses que querían parar de algún modo el desatino, pero la poda continuó sin remisión, y en pocos días todos los árboles fueron intervenidos, hasta no dejarles ni una sola de sus hojas. Debemos llamar la atención sobre un hecho: el antiguo edificio de Correos de la calle Pablo Vallescá está abandonado desde hace años, por lo que las ramas de estos árboles no molestaban a ningún vecino ni interferían en ninguna actividad laboral.

Pero esta situación no es nueva: todo el arbolado de la ciudad está sufriendo en los últimos años un régimen de podas desmedido, hasta tal punto que muchos de los viejos ficus que crecían en los bulevares del Real y el centro de la ciudad han perecido ya, y la mayoría de los que sobreviven muestran signos evidentes de enfermedad. Las podas son continuas durante todo el año, incluyendo la primavera, cuando muchos pajarillos crían en las ramas de estos árboles, y en verano, cuando más necesaria es la sombra que proporcionan en una ciudad donde el sol es inclemente.

Estas podas han sido denunciadas por Guelaya en muchas ocasiones; algunas de ellas ante las autoridades ambientales, otras muchas ante los medios de comunicación, y siempre que hemos tenido oportunidad, lo hemos transmitido al consejero de medio ambiente en persona. En no pocas ocasiones se nos ha contestado que las podas eran solicitadas por los mismos ciudadanos, que, según se nos decía, se quejaban de que las ramas estaban cerca de sus ventanas, que impedían la visión o que atraían a los insectos. Sin embargo, el número de melillenses que nos han expresado su indignación por estas podas abusivas nos hacen pensar que, o los motivos de las podas son otros, o no se está escuchando a buena parte de la población melillense, la que acepta los pocos inconvenientes que crean los árboles a cambio de las muchas ventajas que ofrece un arbolado sano, como el que disfrutan los ciudadanos de Málaga, Granada o Almería.

El poco efecto de nuestras denuncias y el creciente número de ciudadanos indignados por esta situación nos han persuadido de que es necesario un cambio de estrategia, con el fin de que la indignación de estos melillenses sea oída, y sirva también para darle por fin la palabra a los árboles de la ciudad, las primeras víctimas de estas podas sin control. Existe un cauce administrativo para que las quejas de los ciudadanos lleguen a nuestras autoridades municipales, y Guelaya quiere invitar a los ciudadanos a que usen este recurso para demostrar que, si bien puede haber melillenses que estén de acuerdo o incluso soliciten el podado de los árboles de su calle, hay otros muchos melillenses que se oponen al maltrato que está sufriendo el arbolado urbano de la ciudad.

En este enlace podéis descargaros el impreso de quejas y sugerencias de la Ciudad Autónoma. Una vez completado se puede entregar en el Ayuntamiento, o nos lo podéis hacer llegar a nosotros en cualquiera de las actividades que realizaremos en estos próximos días. Los iremos entregando en la oficina pertinente conforme nos vayan llegando.

Impreso de quejas y sugerencias CAM

Esperamos que se haga el máximo uso de él por el bien de unos árboles que ya forman parte de la historia de la ciudad, de la historia “viva” de la ciudad.




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