Niveles de contaminación en los cruceros altamente perjudiciales para la salud de sus pasajeros

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La organización alemana NABU ha realizado mediciones en la cubierta de un crucero que muestran concentraciones de partículas ultrafinas (PM0,1) hasta 200 veces superior que los niveles de fondo natural. Las medidas han sido desveladas a través de un reportaje en el programa Thalassa de la televisión francesa. Ecologistas en Acción reclama una regulación fuerte y obligatoria sobre el sector para limitar sus impactos.

NABU (Nature and Biodiversity Union), la mayor organización ambientalista de Alemania, lleva hace años denunciando los daños que provocan las emisiones contaminantes de los cruceros sobre la salud humana y el medio ambiente. Son naves que utilizan un fuel oil pesado 100 veces más tóxico que el diésel que utilizan automóviles y camiones, ya que contiene hasta 3.500 veces más de contenido de azufre. Un combustible que está prohibido en tierra, donde es considerado un residuo peligroso que exige un tratamiento altamente costoso.

Las investigaciones de NABU han llegado a la opinión pública a través de las campañas que la organización realiza en varios puertos europeos. En ciudades como Venecia, Hamburgo, Marsella y Barcelona se realizaron mediciones en las mismas terminales de cruceros y mostraron niveles alarmantes de partículas ultrafinas, uno de los contaminantes más perjudiciales para la salud.

El último descubrimiento lo ha desvelado un reportaje del conocido programa Thalassa de la televisión francesa, con quienes NABU ha podido documentar las concentraciones en la cubierta de un crucero, que pueden ascender hasta 200 veces los niveles de fondo natural. Según Daniel Rieger, responsable de política de transporte de NABU: "Las navieras exponen a sus pasajeros a cargas de contaminantes altamente nocivas para la salud. A pesar de los datos que estamos encontrando, la industria de cruceros se niega a utilizar combustibles más limpios e instalar sistemas de filtros que desde hace años se utilizan en las industrias en tierra”. Rieger añade: "Los resultados encontrados no nos han sorprendido, solo que hasta ahora no se nos había permitido verificar la contaminación a bordo, que directamente están respirando los pasajeros. La industria responde con buenas intenciones que se han demostrado del todo insuficientes. Un ejemplo de ello es AIDA Cruises, que se comprometió a instalar filtros de partículas en sus naves en 2014 y hasta la fecha no ha instalado ni uno solo".

Ecologistas en Acción trabaja con NABU y otras organizaciones europeas para reclamar una regulación estricta y obligatoria que limite los fuertes impactos socioambientales de esta industria. En el caso del Mediterráneo exigen que se establezca una Área de Control de Emisiones de Azufre (SECA, por sus siglas en inglés) que limite la entrada de cruceros altamente contaminantes como existe en el norte de Europa (Mar Báltico, Mar del Norte y Canal de la Mancha).

En el Estado español el sector de cruceros crece de forma acelerada por las políticas de turismo sin control, especialmente en Barcelona, las Islas Baleares, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. Barcelona se ha convertido en el primer puerto de cruceros de Europa y el cuarto a nivel mundial en pocos años, mientras crece la contestación social sobre este tipo de turismo masivo. Para María García, de Ecologistes en Acció, "es necesario informar a los cruceristas del riesgo sobre su salud y es urgente que las autoridades determinen los niveles a los que está expuesta la población que vive en los barrios cercanos a las terminales, especialmente en los distritos de Sants-Monjuïc y Ciutat Vella; así como los trabajadores del Puerto". Según García, "las partículas ultrafinas menores de 0.1 µm no se ven y son altamente tóxicas. Dado su tamaño pueden llegar a la corriente sanguínea, provocando graves enfermedades cardiovasculares y varios tipos de cáncer".

Ecologistas en Acción se movilizará junto a numerosas organizaciones y colectivos a la ocupación popular de las Ramblas de Barcelona el 28 de enero. El lema de la manifestación será Barcelona no está en venta y pretende denunciar, entre otros temas, la contaminación de los cruceros, la falta de regulación de los aspectos económicos, fiscales, sociales y ambientales de este sector y reclamar que se limite el número y tamaño de cruceros según la capacidad de carga de la ciudad.




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