Tratamiento de basuras: pasado, presente y futuro

A este respecto tenemos tres opciones. La primera opción parte de separar los residuos al máximo ya en nuestras casas, para luego tratar las basuras en plantas pequeñas y cercanas al origen. Esta es la opción más correcta y sensata según el principio de proximidad y autosuficiencia que nos obliga a tratar los residuos cerca de donde se generan. La segunda opta por la solución final de la incineración y tiene un altísimo coste medioambiental, pues no se preocupa de la recuperación, sino de generar combustible, negocio para las incineradoras. La tercera de las opciones, en la misma línea de concepción que la anterior que no fomenta la reducción o la recuperación, se decanta por una planta de grandes dimensiones de tratamiento mecánico y biológico (TMB) que se ve obligada a recibir grandes cantidades de residuos para tratar de amortizar las costosas instalaciones y que opta finalmente por el vertido.

El modelo de gestión que se eligió aquí en el pasado, cuando se diseñó El Culebrete, optó por una planta TMB. Sobre el papel todo era idílico. Pero pronto comenzaron los problemas ya que fallaba el principio. Y es que sin una selección en origen no se van a obtener unos buenos resultados. La prueba está en que este modelo nos ha traído problemas medioambientales y unos resultados muy deficientes. El rendimiento de la planta de biometanización es muy bajo, menor del proyectado. El compost obtenido es de muy baja calidad; material bioestabilizado le llaman, no pudiéndose destinar para fines comerciales pues está contaminado con plomo y cadmio. Además, en cuanto a los residuos que entran como fracción resto la recuperación de materiales para reciclaje es ínfima. Más allá de porcentajes estos problemas los conoce perfectamente la Mancomunidad y debe ponerles solución.

A un modelo erróneo de gestión de los residuos se le sumó la desidia y la falta de voluntad en la resolución de los problemas. Cierto es que la nueva Presidencia de la Mancomunidad ha venido a paliar alguna de esas graves deficiencias detectadas por el Gobierno de Navarra en el pasado, pues en este periodo se ha iniciado el sellado de algunas zonas de El Culebrete, algo que ya se tenía que haber realizado en 2008.

No obstante, se equivoca la Presidencia de la Mancomunidad cuando cree que el preacuerdo con Gipuzkoa puede ser beneficioso para La Ribera. Ya que, continuando con esa concepción equivocada y alejada del principio de proximidad y autosuficiencia, abre todavía más el camino a recibir basuras de fuera de La Ribera. Por ejemplo, cuando se clausure Góngora es muy probable que se aumente significativamente el tratamiento en la planta, pudiendo dificultar todavía más su funcionamiento o acortar la vida de El Culebrete. Y además, porque no afronta el principal reto que tenemos, que es la separación en origen de los residuos, o bien con el quinto contenedor o con el puerta a puerta.

Y es que, sería deseable que más allá de plantearse metas futuras se empezaran ahora a poner soluciones y mejorar esas deficiencias. Soluciones que pasan por establecer políticas consensuadas con el resto de administraciones tendentes a la Reducción de los residuos. Medidas verdaderas que busquen la Reutilización de los productos, alargando su vida útil. Así como soluciones técnicas que primen el Reciclaje de los materiales. Políticas que piensen de verdad en un futuro sostenible, que incentiven el respeto al medio ambiente y que huyan de este exacerbado consumismo, depredador de bienes y recursos. Y todo esto no sólo por ser fieles defensores de una economía circular, sino porque hemos sido capaces de analizar y dar solución a los problemas presentes.




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