Inviable la creación de nuevos regadíos en Riegos del Alto Aragón

A raíz de los mensajes transmitidos por la presidencia de Riegos del Alto Aragón en su Junta General Ordinaria celebrada el pasado viernes y reflejados en diversos medios de prensa, Ecologistas en Acción quiere señalar que la intención de llevar a cabo nuevas transformaciones de secano en regadío, asociadas a los embalses de Biscarrués y Almudévar, es inviable tanto desde un punto de vista ambiental como desde un punto de vista socioeconómico.

Desde un punto de vista ambiental, la creación de nuevos regadíos es inviable no sólo por las múltiples afecciones ambientales sobre los ecosistemas asociados a la agricultura de secano, sino también por la imposibilidad de disponer de agua en cantidad suficiente para todas las hectáreas cuya transformación se pretende. En este sentido, ni el embalse de Almudévar ni el de Biscarrués serían una solución a esta limitación natural de agua. El embalse de Almudévar no se podrá llenar en muchas campañas de riego, bien por la falta de agua agravada por el cambio climático, o bien por falta de tiempo material para llenarlo en cada campaña de riego. Por su parte, el embalse de Biscarrués tampoco soluciona nada dadas sus severas limitaciones técnicas y dada su falta de sintonía con los requerimientos que establece la Directiva Marco del Agua en cuanto al estado ecológico del Río Gállego. Por otra parte, la creación de nuevos regadíos en el valle del Ebro es una amenaza directa a la supervivencia del Delta del Ebro, por la merma de caudales que supondría.

Las previsiones oficiales del cambio climático establecen un 30 % menos de aportaciones hídricas en la cuenca del río Gállego, según un estudio científico. En este sentido, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro, D. Raimundo Lafuente Dios, que presidió la Junta General Ordinaria de Riegos del Alto Aragón, no fue sincero ante los regantes cuando afirmó que la garantía de suministro del sistema pasaría del 70 % al 77,8 % gracias al embalse de Almudévar, al no hacer mención a la fuerte pérdida de garantía de suministro asociada al cambio climático, imposible de solucionar con nuevas infraestructuras, pues éstas no sirven de mucho cuando no hay agua. Además, los cálculos de la CHE de las garantías de suministro son erróneos al no tomarse en consideración las restricciones económicas, espaciales y temporales del llenado del embalse de Almudévar. No conviene olvidar que la CHE emitió un informe de viabilidad económica fraudulento acerca del embalse de Almudévar, por el cual posiblemente deberá responder ante los tribunales de justicia. Por último, el presidente de la CHE oculta a la población de Almudévar que existen regulaciones en tránsito técnicamente mejores que el embalse de Almudévar, que aportarían mayor garantía de suministro, aunque desde Ecologistas en Acción se considerarían igualmente injustificadas.

Desde un punto de vista socioeconómico, la creación de nuevos regadíos es inviable, en primer lugar, porque supondría una seria amenaza a la maltrecha viabilidad económica de los regadíos ya existentes, necesitados de constantes ayudas públicas de diversa índole. Es decir, los nuevos regadíos entrarían en competencia económica directa con los regadíos actuales, en un contexto de inevitable escasez de agua y de mercados y precios imprevisibles. Los nuevos regadíos no emplearían el agua de las nuevas regulaciones, como falsamente se afirma, sino que simplemente habría más regantes que se repartirían equitativamente cada vez menos agua.

Además, cada llenado del embalse de Almudévar costaría 2,5 millones de euros netos en electricidad, contando los ingresos por turbinado, pues el llenado se efectuaría íntegramente mediante bombas eléctricas, con una altura nominal de bombeo de 46 metros. En este sentido, las comunidades de regantes de Riegos del Alto Aragón parecen no estar aprendiendo nada de sus crecientes dificultades para pagar las facturas eléctricas de sus bombeos, y supeditan su futuro a la existencia de un sistema público capaz de subvencionar eternamente sus costes fijos y variables de explotación. Por otro lado, la afección socioeconómica en la localidad de Almudévar no podrá compensarse apropiadamente con los planes de restitución, que siempre llegan tarde y mal, cuando llegan. Más aún cuando se aspira a crear nuevos regadíos en Almudévar a modo de restitución.

Por su parte, el embalse de Biscarrués, dadas sus severas limitaciones técnicas, no es más que una cabezonería incapaz de suministrar el agua que necesitarían los nuevos regadíos que se reclaman. La afección socio-económica del embalse de Biscarrués es sobradamente conocida, y el profundo daño y dolor colectivo en el territorio afectado no encuentra ni siquiera una justificación económica ni técnica, más allá de los consabidos intereses que se esconden detrás de las obras públicas absurdas, y del empecinamiento, la falta de sensibilidad y la prepotencia trasnochada que demuestra la presidencia de Riegos del Alto Aragón en su obstinado empeño de convencer a los regantes de que el embalse de Biscarrués es la solución a todos sus problemas, sin darse cuenta de que los tiempos han cambiado.




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