Concentración por un mundo sin nucleares

Activistas de Ecologistas en Acción de Cádiz nos hemos concentrado ante la sede de Endesa (propietaria de las centrales nucleares de Ascó I y II y de Valdellós) en el Puerto de Santa María, para recordar la catástrofe nuclear de Fukushima en su sexto aniversario y mostrar nuestro más firme rechazo a la energía nuclear.

Este 11 de marzo se cumplen seis años del accidente nuclear de Fukushima-Daiichi, de una gravedad comparable al de Chernóbil, aunque de características diferentes. Tan grave porque en él se ha liberado una cantidad masiva de radiactividad (del orden de la mitad de la que escapó en Chernóbil) y diferente porque en este caso la liberación se ha realizado de manera más lenta y el 80 % de la contaminación se ha vertido al mar.

Hoy, los niveles de radiación son 20 veces superiores a los permitidos en las zonas descontaminadas y los vertidos de agua radiactiva que están contaminando el mar siguen haciendo inhabitable el entorno de la central. Unas 50.000 personas se han negado a volver a sus casas, ante la falta de garantías y los altos niveles de radiactividad dejados en el terreno, rechazando incluso las gratificaciones de más de 6.000 euros que se ofrecen por el retorno. El número de cánceres de tiroides detectados entre los 370.000 niños de la prefectura de Fukushima es 50 veces más alto de lo normal. Para mantener a la población alimentada se han multiplicado por 5 los niveles permitidos de radiactividad en algunos alimentos. Los habitantes de Fukushima se enfrentan a dosis radiactivas que tendrán efectos a medio y largo plazo.

El coste de accidente supera los 80.000 millones de euros, duplicando el cálculo inicial del Gobierno japonés. Se calcula que habrá que gestionar casi 1 millón de toneladas de agua radiactiva que se bombea del subsuelo para reducir la contaminación. Los reactores 1, 2, 3 están fundidos (el número 1 totalmente y los dos restantes parcialmente) y acceder a su interior es imposible por la elevadísima radiación. En este estado de cosas, seis años después del accidente no se sabe ni como ni cuando se podrá proceder a desmantelar los reactores. A falta de una solución técnica con garantías, se empieza a considerar actuar como en Chernóbil. Es decir, renunciar al desmantelamiento y cubrir los reactores con sarcófagos de hormigón hasta que la radiactividad decaiga lo suficiente, lo que puede ocurrir en cientos de años.

Al mismo tiempo, nos encontramos en un momento crítico del debate nuclear en España: las 8 centrales nucleares españolas tienen un permiso de funcionamiento de 40 años que cumplirá escalonadamente durante los próximos 11 años. El lobby nuclear eléctrico (Iberdrola y Endesa) presiona para que ese periodo se amplíe a nada menos que a 60 años. En los próximos meses el gobierno debe decidir si amplía el periodo de funcionamiento de la central de Garoña (Burgos) la más vieja de todas las centrales con ¡46 años de antigüedad! y gemela de la de Fukushima. La única razón para mantener abierto el parque nuclear más allá de los 40 años responde al interés de Endesa e Iberdrola para seguir incrementando sus beneficios, sin importar el consiguiente aumento de la inseguridad y de la cantidad de residuos a gestionar. En el mercado eléctrico español una gran central nuclear produce al día en torno a un millón de euros de beneficios debido a que ya han amortizado los costes de construcción y a un sistema de precios injusto por el que estamos pagando la electricidad de origen nuclear a varias veces lo que le cuesta producirla: un robo a la ciudadanía.


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