El incendio del Hornillo evidencia la precariedad del operativo contra incendios

El pasado 4 junio se produjo un incendio en el término municipal de El Hornillo (Ávila) debido a una tormenta. Debería haber sido anecdótico, pero por desgracia tenemos que hablar de él aun hoy. Este incendio se reprodujo en diversas ocasiones durante los días sucesivos a su aparición y fue, poco a poco aumentando su dimensión. Al factor natural del inicio del incendio y de las condiciones propicias para que se reavivase se han unido una serie de fallos en la gestión y que todavía sigue vivo más de dos semanas después.

En primer lugar, el incendio se había dado ya por extinguido desde hacía una semana. Pero todavía quedaba vegetación quemándose lentamente. Según nos informan vecinos de El Hornillo, han alertado en diversas ocasiones al 112 sobre ese hecho, a pesar de lo cual, no se ha realizado la debida vigilancia.

En segundo lugar, y a pesar de las altas temperaturas que sufrimos en estos días, y que han alcanzado los 40 ºC en diversos puntos del Valle del Tiétar, el operativo contra incendios no está todavía al 100 %. Por ejemplo, no están todavía operativas las torretas de vigilancia. Este elemento es fundamental para detectar los incendios a los pocos minutos de haberse producido, cuando es fácil controlarlos. Y pudo ser un fallo en la última reproducción del suceso que nos ocupa. Según el comunicado oficial de la Junta, este incendio se detectó hacia las 2:00 de la mañana, pero según nos informan desde El Hornillo, pudo haberse reactivado horas antes, sin que se hubiera detectado o sin que se hubiera reaccionado. A las 3 de la mañana nosotros mismos comprobamos que el fuego había cobrado gran magnitud.

Unido a esto, el aviso a las primeras cuadrillas no se produjo hasta pasadas las 3 de la mañana. Además, en este momento enviaron muy pocos medios: dos cuadrillas y dos camiones autobomba. Los escasos medios no pudieron controlar el incendio y se fue extendiendo, lo que obligó a la Junta a declarar el nivel 1 cerca de las 10:00 de la mañana del domingo y comenzar a enviar un amplio despliegue de medios aéreos que estuvieron trabajando durante todo el día.

La escasez de medios enviados en inicio puede responder a la escasez de recursos disponibles. Las cuadrillas de tierra, que son las que están operativas por la noche, no están tampoco al completo, además de que su número se ha ido reduciendo drásticamente en los últimos años, como un recorte más. Los medios aéreos están disponibles para toda la comunidad, y vienen desde diversos puntos de Castilla y León, pero no pueden acudir durante la noche. En el caso de la UME, acude cuando ya el incendio está tomando dimensiones peligrosas, por lo que su asistencia es un mal síntoma.

Desde Ecologistas en Acción hemos querido acercarnos al operativo contra incendios aprovechando esta ocasión. Hemos descubierto unas condiciones alarmantes que nos preocupan.

Nos han parecido llamativas las durísimas condiciones en las que trabajan muchos de los integrantes de este operativo. Calificaríamos de extremas las circunstancias en las que operan las cuadrillas de tierra. Sus integrantes trabajan para empresas privadas y están obligados a realizar trabajos de desbroce (a veces muy duros) en las horas centrales del día, expuestos a altas temperaturas y vistiendo los necesarios y pesados equipos de protección. Además, en cualquier momento pueden ser avisados para acudir a la extinción de un incendio, incluso después de terminada su jornada. En esas circunstancias, solo los trabajadores con una resistencia física por encima de la media pueden ser eficientes en los incendios.

El salario medio de estos trabajadores es muy bajo y, salvo contadas excepciones no alcanzaría los 10.000 € anuales. Las horas extra se pagan a unos 10 €/hora, a pesar de la dureza y la peligrosidad que supone acudir a un incendio. En fin, trabajar en una de estas cuadrillas de tierra es uno de los peores empleos posibles y por tanto el último recurso de la mayoría. Así las cosas, la profesionalización en el sector es imposible. Sin embargo, nuestros montes están en parte en sus manos.
Igualmente alarmante nos han parecido las condiciones de mantenimiento de algunos vehículos del operativo. Por ejemplo, hemos podido ver un camión autobomba en el que era necesario que una piedra pisase el acelerador para que funcionase la misma, o casos en los que de las dos autobombas que operaban en el incendio solo una funcionaba correctamente.

En el caso de las brigadas helitransportadas, algunas de ellas no pueden acceder a los incendios en helicóptero por falta de la documentación necesaria. Tampoco se pueden utilizar sus helicópteros para la extinción. En el caso del incendio que nos ocupa, las BRIF del Puerto del Pico y de la Iglesuela, que son las más cercanas, no tenían disponibles los helicópteros. Con esta escasez de medios, los pocos existentes están centrados en el fuego del que hablamos, por lo que si apareciera otro tendríamos graves problemas.

Consideramos que ante el caluroso verano que se nos presenta la Junta debería aumentar y mejorar considerablemente los medios con los que cuenta. Recordemos que está en juego no ya que está en juego no solo la conservación de nuestros montes, sino también nuestra propia seguridad.


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