Por el Parque Nacional de Monfragüe

Ecologistas en Acción Extremadura quiere recordar, al paso de la Ecomarcha 2017 por Extremadura, que se cumplen 10 años de la declaración del Parque Nacional de Monfragüe (2007), máxima figura de protección de un espacio geográfico en el ámbito de la conservación de la naturaleza.

Hasta llegar a ello, Monfragüe fue Parque Natural desde 1979; pasó a formar parte de la Red Natura 2000, como Z.E.P.A., en 1994; y la UNESCO lo declaró Reserva de la Biosfera en 2003. Estos logros fueron alcanzados con el denodado esfuerzo, desvelo y perseverancia de muchas personas que creyeron que este lugar de la Península debía tener un destino distinto al que le otorgaba la imperante visión mercantilista de la Tierra.

En el propio Parque Nacional y su entorno nos podemos encontrar las consecuencias de aplicar un modelo de desarrollo extractivo y explotador de los recursos naturales; y a su vez, se pueden observar los efectos de aplicar un modelo proteccionista y de desarrollo basado en el mantenimiento y recuperación de sus valores naturales.

A finales de los años 60, durante la dictadura de Franco, la ejecución de grandes infraestructuras hidráulicas, como fórmula para llevar el progreso a las regiones más olvidadas y pobres de España, acabó por sumergir gran cantidad de hectáreas en Extremadura. Esta política de inundación que ofrecía un futuro en pueblos de colonización creados en los nuevos regadíos o en poblados construidos junto a las centrales hidroeléctricas, también llegó a Monfragüe. Los términos municipales de Torrejón el Rubio, Toril y Serradilla se vieron afectados por la construcción simultánea de dos embalses, uno en el Tajo y otro en el Tiétar. Los ingenieros de aquel momento no podían desperdiciar la oportunidad que les ofrecía la proximidad de los dos ríos y su encajonamiento. Durante su construcción, se produjo la silenciada tragedia de Torrejón, el 22 de octubre de 1965, en la que al menos setenta trabajadores perdieron la vida.

Hoy en día, estos embalses producen electricidad y almacenan agua para riego y abastecimiento. También ofrecen un ecosistema ideal para especies exóticas invasoras como el siluro, el black-bass, la lucioperca, el pez gato o la carpa.

De no existir dichos embalses podríamos ver en toda su magnitud los cantiles que jalonan los ríos Tiétar y Tajo y tendríamos unos ecosistemas fluviales mucho más resistentes frente al asentamiento de especies piscícolas alóctonas.

En 1973 se inician las obras de construcción de la central nuclear de Almaraz, ahora junto a la zona periférica de protección del parque nacional, y que concluyen con su puesta en marcha en mayo de 1981. La generación de una “energía alternativa, limpia, segura y competitiva”, adjetivos dados por los promotores de la energía nuclear, tampoco se tradujo en un incremento de la “riqueza” de las comarcas aledañas, salvo en los municipios directamente afectados por la propia central. La intención de alargar la vida útil de esta obsoleta central hipoteca, si no lo ha hecho ya, el futuro de la zona y pone en riesgo, de forma innecesaria, la seguridad de la población.

Volviendo a Monfragüe, un tercer ejemplo de perdurabilidad y dificultad de restituir las consecuencias de una mala decisión la encontramos en las repoblaciones de eucaliptos iniciadas en 1974 y que activaron la lucha por la protección de un entorno tan valioso como es este en el que nos encontramos.

Bajo el amparo del extinto ICONA se plantaron cerca de 3.000 hectáreas de eucalipto para abastecer a la industria papelera. Para ello fue necesario eliminar el monte mediterráneo, tan improductivo desde un punto de vista cortoplacista, y abancalar laderas. La introducción de esta especie arbórea tan costosa y difícil de erradicar ha supuesto que aún podamos ver, hoy en día, cientos de hectáreas de eucalipto a pesar, incluso, de llevarse a cabo distintos proyectos para la recuperación del bosque mediterráneo.

Las sucesivas figuras de protección otorgadas a este entorno han servido para regular o excluir usos y actividades que podrían haberlo dañado aún más, frenando el cúmulo de despropósitos de los años 60 y 70. Han favorecido la recuperación de la cubierta vegetal y el de las poblaciones de la mayoría de los vertebrados, a excepción del lince ibérico o el de los peces autóctonos. Han situado a Monfragüe en el mapa, siendo uno de los Parques Nacionales más visitados, estimulando a su vez, el turismo en las comarcas adyacentes. Ha servido como emblema de la conservación en Extremadura y ejemplo de desarrollo basado en la potenciación de los valores naturales que ofrece este espacio.

Sin embargo, ni el modelo de desarrollo aplicado antes de la declaración como Parque Natural ni el que le ha llevado a ser Parque Nacional ha conseguido evitar la despoblación iniciada a partir de los sesenta, reduciéndose, desde entonces, el número de habitantes en un 40% tanto en el espacio natural protegido como en su zona periférica de protección.

Hoy en día Monfragüe debe afrontar nuevos retos que se suman a los problemas aún no superados de este lugar. Entre estos nuevos retos se encuentra la regulación del turismo de tal forma que no acabe siendo afectado de forma irreversible por la masificación puntual de las zonas de uso público. Dentro de este sector, la navegación del Tajo en el Parque, debería ser evaluada con objetividad.

También merece un estudio detallado la transmisibilidad de la tuberculosis bovina desde la fauna salvaje hacia la ganadería. De forma recurrente y muchas veces, sin datos contundentes, se habla del efecto pernicioso que ciervos y jabalís ocasionan a la cabaña ganadera por ser reservorios yvíctimas de esta enfermedad. La solución siempre es la misma: el control poblacional de estas especies. Se obvia la falta de un depredador como el lobo; la superación de la capacidad de carga ganadera en algunas dehesas; la escasa selectividad de las acciones cinegéticas; o la necesidad de manejar datos significativos de reses enfermas de tuberculosis con respecto al total de las abatidas tanto por los cazadores como por la Administración.

La recuperación de ecosistemas alterados, el mantenimiento del éxito reproductor de especies amenazadas; la continuidad de la prohibición de la pesca fluvial; la lucha contra las especies exóticas invasoras; la divulgación de los aspectos positivos e incluso negativos, así como la corrección de estos últimos, que trae aparejada la inclusión de un territorio en la Red de Espacios y Áreas Protegidas de Extremadura son algunas de las acciones que deberían seguir manteniéndose durante los próximos años para que los extremeños-as y los-as que no lo son sigamos sintiéndonos orgullosos-as de este lugar.


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