Una solución perversa para la contaminación transgénica

Una coalición de organizaciones sociales [1] ha solicitado a la Ministra de Medio Ambiente que defienda con firmeza la moratoria a Terminator en la Unión Europea y en el Convenio de Diversidad Biológica. Consideran que es falso e inaceptable justificar el desarrollo de semillas suicidas como solución para evitar la contaminación genética.

En los próximos días la Unión Europea decidirá una posición común sobre la continuidad de la moratoria a la tecnología Terminator -cuyo objetivo es crear semillas programadas para suicidarse- adoptada en el Convenio de Diversidad Biológica. La decisión europea tiene una importancia crucial, dadas las recientes maniobras de EE UU y de algunos países de su órbita (Australia, Nueva Zelanda y Canadá) para minar la moratoria. Las presiones de estos países en las últimas reuniones del Convenio, defendiendo posiciones próximas a la industria, hacen temer que en la próxima Conferencia de las Partes, a finales de marzo en Brasil, se intente dar luz verde a Terminator.

A finales de los 90 la condena generalizada y los evidentes peligros de Terminator obligaron a las grandes compañías biotecnológicas a una cierta prudencia -al menos cara al público- en el desarrollo de esta tecnología. En el último año, sin embargo, la industria ha desplegado toda su capacidad de influencia para lavar la imagen de esta tecnología suicida y presionar a los gobiernos para que la autoricen. Su principal argumento es que las semillas Terminator constituyen la solución para los problemas de contaminación genética provocados por los cultivos transgénicos. Las semillas suicidas, sin embargo, no sólo NO evitarán la contaminación no deseada provocada por estos cultivos, puesto que en ningún caso impedirán que el polen se disperse y fecunde otros campos, sino que suponen una nueva y gravísima amenaza para el planeta.

El objetivo real de Terminator es impedir que los agricultores guarden semilla de su propia cosecha, obligándoles a comprar simiente todos los años. Con ello se pone en peligro el medio de vida de millones de campesinos que dependen de sus semillas y el mantenimiento de la enorme diversidad de variedades agrícolas conservadas en sus campos, fundamental para la producción futura de alimentos. Los impactos de la comercialización de Terminator en los ecosistemas pueden ser igualmente devastadores, por tratarse de una tecnología compleja que no puede garantizar que los genes suicidas no se propaguen en la Naturaleza.

En la reunión preparatoria de la Conferencia del Convenio en Granada, a finales de enero, las presiones de la industria lograron debilitar la resolución adoptada, recomendando una evaluación “caso por caso” de la tecnología Terminator. Para las organizaciones que han escrito a la Ministra de Medio Ambiente, sin embargo, no existen casos en que Terminator no sea una tecnología peligrosa e injustificable. Es imprescindible por ello que la Unión Europea defienda el fortalecimiento de la moratoria, rechazando el enfoque caso por caso que defiende la industria biotecnológica y exigiendo la prohibición de la tecnología Terminator en todo el mundo.




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