La economía del calentamiento global

Hace unos meses presentó el gobierno de Tony Blair a la opinión
pública el “Informe Stern”, en el que se analizan las consecuencias
económicas del cambio climático a escala global. Su director, Nicholas
Stern, ejerció el cargo de economista jefe del Banco Mundial durante
tres años, por lo que está libre de ser sospechoso de mantener
posicionamientos ecologistas “radicales”, siendo esta la razón por la
que seguramente el informe ha generado tanta atención y preocupación.
La primera conclusión de este novedosa investigación sobre la economía
del cambio climático es clara y no deja lugar a dudas: “Los beneficios
de la adopción de medidas prontas y firmes sobre el cambio climático
superará con creces los costes” .

Las cifras subrayan inequívocamente la consistencia de esta afirmación.
Si decidimos enfrentarnos desde ahora al problema del calentamiento
global, los costes rondarán un 1% del PIB mundial. No hacer nada al
respecto implicará una pérdida anual de un 5% en el mejor de los
escenarios analizados. Ahora bien, si sumamos todos los factores de
riesgo -y buena parte de la literatura científica apunta claramente en
esa dirección- dicha cifra podría alcanzar el 20%. Es decir, que la
magnitud sin precedentes del cambio climático podría ser devastadora
para la economía mundial.

El informe predice los peligros que se ciernen sobre nosotros si nos
mantenemos pasivos frente a este problema: inundaciones, millones de
desplazados, dificultades para producir alimentos… En fin, nunca me han
resultado atractivos los discursos apocalípticos, pero esconder la
cabeza como el avestruz puede conducirnos a un futuro indeseable. El
reto consiste en lograr estabilizar nuestras emisiones de dióxido de
carbono en una horquilla de 450-550 partículas por millón, un nivel
aceptable para el medio ambiente y asumible desde el punto de vista
económico. Todo lo que hagamos en los próximos 20 años tendrá un escaso efecto a corto plazo, pero a medio y largo plazo determinará la
evolución del calentamiento global y, por ende, de la economía mundial.
¿Qué medidas se proponen para salir airosos de este reto mundial? Lo
que parece claro es que la globalización también ha llegado al medio
ambiente, esto es, que lo que cada país haga de manera individual sólo
constituye una parte del problema, viéndose como indispensable una
acción concertada a nivel mundial que vaya más allá del Protocolo de
Kyoto o de las cuestiones recientemente abordadas en Nairobi.

El mercado del carbono y el canje de emisiones se muestra como el
camino más evidente para que los países en vías de desarrollo reduzcan
las emisiones de gases de efecto invernadero, al tiempo que las tasas y
la regulación del mercado de los combustibles fósiles mostrará a los
ciudadanos los costes sociales de sus hábitos. Por otro lado, el
informe recomienda quintuplicar la inversión en investigación y
desarrollo de energías renovables o bajas en carbono así como la
necesidad de establecer fondos de ayuda para que los países más pobres -que son los que van a sufrir con más virulencia los efectos del
calentamiento global- puedan adaptarse a esta nueva situación. Otro
aspecto llamativo del Informe Stern es la constatación de que la
pérdida de masa forestal contribuye más al efecto invernadero que todo
el sector del transporte, por lo que la lucha contra deforestación se
vislumbra como una de las medidas más rentables para mitigar el cambio
climático.

El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz tenía razón cuando afirmaba
recientemente que “es mejor gravar la nociva contaminación que cosas
positivas como el ahorro y el trabajo”. Al fin y al cabo, lo que la
Tierra nos ofrece es mucho más importante que el actual modelo
energético y económico, puesto que sin ella nada existiría. Esta verdad
de Perogrullo es tan clara que resulta desesperante comprobar cómo la
obviamos en nuestra vida cotidiana, en las decisiones empresariales y
en las políticas públicas. Todavía estamos a tiempo de hacer algo al
respecto. No merece la pena llegar al borde del precipicio.

Raúl García Brink, es miembro de Ecologistas en Acción de San Mateo, y profesor de filosofía.


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