No hubo 50 años para Garoña

El 3 de marzo se hubieran cumplido 49 años de la puesta en marcha de la central nuclear de Santa María de Garoña. Aniversario que no cumplió porque el verano pasado se hizo definitivo su cierre, tras llevar parada por decisión empresarial desde 2012.

El pasado sábado se celebró en Burgos un encuentro antinuclear en el que se celebró el cierre definitivo de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) en compañía de quienes, desde diferentes territorios afectados, participaron en la lucha contra esta central a lo largo de sus más de cuatro décadas de funcionamiento. Años de movilización social, y también en el ámbito político, exigiendo el cierre de la central burgalesa. Más de treinta marchas a Garoña, manifestaciones y concentraciones en diferentes municipios, charlas, alegaciones y otras iniciativas encaminadas a conseguir su cierre.

En este no-aniversario hemos querido pararnos a celebrar el éxito que supone haber alcanzado por fin este objetivo. Es cierto que es necesario seguir alerta porque la herencia radioactiva de estos 42 años funcionando es inmensa. y la gestión, como ya hemos visto, de Nuclenor muy deficitaria. Es evidente que hay que desconfiar de que realizarán un trabajo adecuado si no está sometido a un escrutinio público muy exhaustivo. También es cierto que la lucha antinuclear no ha terminado en el Estado español, y que, de hecho, esta debe intensificarse ante la posibilidad de que se amplíe la vida de las centrales que siguen hoy en funcionamiento, sin mas criterio que el de la rentabilidad económica.

Pero, por otra parte, es necesario reconocer que fue la incansable presión social contra Garoña la que consiguió poner en la agenda política el futuro de la central y resultó clave para que se clausurara definitivamente esta peligrosa central. Corresponde también celebrar que la amenaza que suponía Garoña en funcionamiento ha desaparecido; a pesar de que todavía queda largo trabajo para asegurar que la herencia radioactiva será gestionada de la mejor forma posible. Es necesario velar por que el desmantelamiento se haga de la forma apropiada, sin poner en peligro ni al personal empleado, ni a las poblaciones vecinas, ni al medio ambiente.

El encuentro celebrado en Burgos sirvió precisamente para eso, para celebrar, pero sobre todo para reafirmar y potenciar la lucha antinuclear, ya que el cierre de todas las centrales es un paso necesario para asegurar la transición a un modelo energético más seguro, sostenible y justo.




Visiteurs connectés : 10