[COP 19] Balance de la Cumbre del Clima de Varsovia

El balance de la última cumbre sobre cambio climático no puede ser más pesimista: el país anfitrión –Polonia- y Naciones Unidas organizaron una reunión con la presencia masiva de las industrias más contaminantes con el fin de extender el rol explícito de grandes corporaciones energéticas sucias en las negociaciones multilaterales.

Se prolonga la inacción hasta 2015, cuando se pretende decidir en París sobre un nuevo acuerdo climático mundialLa cumbre anual de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático comenzó tres días después de que el tifón Haiyan devastara una parte de las Filipinas causando miles de víctimas mortales, desplazados y millones de afectadas. Varias delegaciones de países del Sur global aprovecharon la ocasión para reiterar la responsabilidad histórica de los países más industrializados por el calentamiento global y debatir sobre quién debe pagar para reparar los daños.

El negociador filipino, Yeb Saño, qué abrió la cumbre con un emotivo discurso por la dramática situación en su país y decidió ayunar en solidaridad con la gente afectada por el tifón Haiyan, escribió el último día de la cumbre en su cuenta Twitter a las 2:05 de la madrugada: “Sin resultado significativo a la vista. El ayuno continúa”. La reunión plenaria se clausuró con la aprobación de un documento dominado por la falta de compromisos y fechas concretas.

Una vez más se prolonga la inacción hasta 2015, cuando se pretende decidir en París sobre un nuevo acuerdo climático mundial que establecería metas concretas de cómo limitar el calentamiento global a 2ºC hasta finales del siglo. Algo imposible a no ser que seamos capaces de cambiar las relaciones de fuerza para acabar con las subvenciones a los combustibles fósiles y dejar dos tercios de ellos sin explotar.

Si bien los países del Sur en general dieron la bienvenida a la decisión de establecer un mecanismo internacional de pérdidas y daños, expresaron su decepción por la falta de objetivos claros y una hoja de ruta en cómo financiar este mecanismo a largo plazo. Salvo el anuncio de varios países europeos de poner a disposición del Fondo de Adaptación unos 100 millones de euros, para asegurarse a cambio el respaldo de los países insulares y más empobrecidos (LDC) a la posición negociadora de la UE, la reunión "Ministerial de Financiamiento para el Clima" terminó sin ningún financiamiento real para el Fondo Verde para el Clima creado en 2010, que sigue sin funcionar.

A pesar de la fuerte evidencia del empeoramiento de los impactos climáticos —incluyendo tormentas más severas como el tifón Haiyan en Filipinas— las delegaciones de los países africanos estaban enfurecidos por los anuncios de países como Japón y Australia. Cuando Japón anunció que seguía a Canadá, y que daría marcha atrás en sus compromisos de reducción de emisiones acordados anteriormente, y Australia –por su parte- informó que eliminará el impuesto sobre las emisiones de CO2, dieron entender que se estaban burlando de la convención climática de la ONU y dañaron aun más la ya débil integridad de las negociaciones. Contra la medida del Gobierno australiano se echaron a la calle más de 50.000 personas.

“Si los países más contaminantes piensan que sólo tienen que dictar cómo los países africanos deben proceder en la adaptación y la mitigación del cambio climático sin escuchar nuestro grito sobre la cuestión de las pérdidas y los daños sufridos por la población, entonces es un proceso inútil”, subrayó Habtemariam Abate del Ethiopian Civil Society Network. Mithika Mwenda, coordinador de la Alianza Panafricana de Justicia Climática, dijo que "la responsabilidad primordial de los gobiernos es proteger la seguridad de su población" y "no están cumpliendo con esta responsabilidad."

El “acuerdo” sobre los documentos resultantes de la cita en Varsovia fue resultado de un compromiso de último minuto entre las naciones más industrializadas y las nuevas superpotencias acerca de los recortes en las emisiones resultantes de la quema de combustibles fósiles. Acusan a China y la India de haber rechazado la propuesta de la Unión Europea y EE UU: que todas las naciones tengan que presentar el año que viene "compromisos" en la reducción de la emisión de los gases de invernadero. Y vendieron como “éxito diplomático” de la UE el haber cambiado la palabra por "contribuciones", pero en realidad es la línea política dominante desde la cumbre de Copenhague (2009): convertir objetivos vinculantes en contribuciones voluntarias. Algo que los gobiernos de la UE y EE UU –y muy en concreto sus sectores industriales- también prefieren.

La reunión dejó al lado los asuntos más espinosos del debate: cómo dividir la responsabilidad de los recortes de emisiones y cómo los países más enriquecidos van a cumplir con su promesa de canalizar 100.000 millones anuales hacía los países empobrecidos a partir del 2020 destinados a mitigar los efectos del cambio climático.

Los financiadores privados de la cumbre, como las corporaciones contaminadores ArcelorMittal, BMW y PGE seguramente estaban felices el transcurrir de la cumbre. En lugar de enfrentarse al poder corporativo, tal como exigieron más de 150 organizaciones del mundo en su declaración conjunta, la ONU acoge con cada vez mayor satisfacción las empresas en las negociaciones sobre cambio climático.

Grupos de presión

El lobby corporativo crece a todos los niveles administrativos: la International Emissions Trading Association -una entidad que representa a la industria y sectores financieros que se enriquecen con la especulación en mercados financieros con la venta de “derechos de emisión”- o la Cámara Internacional de Comercio presionan a los gobiernos para que subvencionen medidas climáticas que resulten en gigantescos negocios y grandes ganancias para las corporaciones, pero no vaya a las causas del problema. Por eso promueven mecanismos de compensación y comercio de emisiones de gases de efecto invernadero, el programa sobre reducción de emisiones resultantes de la deforestación (REDD+) que busca en realidad privatizar los bosques o tecnologías como fracking, captura y almacenamiento de carbono y la expansión de los monocultivos agrícolas para agrocombustibles. En Varsovia se decidió explorar con más detalle “el grado en que las plantaciones de árboles se benefician del clima” cuando los monocultivos de árboles de rápido crecimiento causan la pérdida de biodiversidad y desplazan pueblos indígenas de sus territorios.

El gobierno anfitrión polaco ha ayudado activamente a las empresas contaminantes para influir en las negociaciones que -una vez más- lograron impedir cualquier progreso sustancial. A juzgar por la actitud y por las acciones de los gobiernos como Japón, Australia, Canadá, EE UU o de la Unión Europea, que anuncian nuevas inversiones en minería de carbón y extracción de petróleo, se demuestra que éstos están escuchando sobre todo a las industrias contaminadoras.

Como colmo del absurdo, la Asociación Mundial del Carbón ha celebrado una Cumbre Internacional del Carbón y del Clima en el marco de la COP19 bajo el lema “Tecnologías, oportunidades e innovaciones del carbón limpio”. Las industrias vinculadas al carbón y varios gobiernos pretendían legitimar su apuesta por la energía más nociva con una campaña de “lavado verde”. Por medio del “Comunicado de Varsovia” llaman a incrementar el uso de tecnologías altamente contaminantes, pero llamadas irónicamente “tecnologías de combustión de carbón altamente eficientes y de bajas emisiones”.

La presión de la Asociación Mundial del Carbón en la COP19 tiene como objetivo conseguir el “reconocimiento del rol fundamental que el carbón tiene para conseguir el futuro energético bajo en emisiones”. Con ello busca incrementar los subsidios públicos en tecnologías costosas e inseguras como la captura y almacenamiento de carbono o la gasificación bajo tierra, que, según la industria, mudarán el carbón en “energía verde”.

Pero el uso del carbón ni es limpio ni barato, porque es la fuente de electricidad que más gases responsables del calentamiento global emite y causa graves daños a la salud. Las centrales eléctricas de carbón están entre las peores fuentes de contaminantes tóxicos del aire en todo el mundo. Es por tanto necesario adoptar políticas para acabar con las subvenciones al carbón –en el caso español 636 millones de euros sólo en el año 2011- y su eliminación gradual del mix eléctrico hasta –más tardar- el 2020.

Además, se debería exijir responsabilidades a los bancos y prohibir seguir invirtiendo en la expansión mundial de la industria del carbón. Entre 2005 y 2013 unos 89 bancos comerciales invirtieron unos 118 mil millones de euros en la extracción del carbón, esto es un incremento del 397% desde la entrada en vigor del Protocolo de Kioto, según el estudio publicado con ocasión de la COP19 por las redes internacionales BankTrack y CEE Bankwatch. El 71% de este capital lo proveen 20 bancos, entre ellos los bancos europeos más grandes.

En una carta un centenar de organizaciones del mundo urgen a Naciones Unidas de prohibir la entrada de las industrias contaminantes a las cumbre del clima. Otros organismos de la ONU han tomado medidas contra el lobby industrial, como la Organización Mundial de la Salud con la creación de un código de conducta vinculante entre la industria tabacalera y los funcionarios de salud pública. El artículo 5.3 de la convención de la OMS sobre tabaco afirma que los intereses de la industria tabacalera son fundamentalmente irreconciliables y en conflicto con el interés público. Lo mismo se debería aplicar a los intereses de la industria de combustibles fósiles y de aquellos sectores económicos cuyos modelos de negocio se basan en las altas emisiones de CO2 en relación a las políticas energéticas y de cambio climático.




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