Explosión de vida del río Manzanares

El cauce se ha transformado a su paso por la ciudad de Madrid.

Santiago Martín Barajas, Área de Agua de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 90.

Un Plan de naturalización del río Manzanares diseñado por Ecologistas en Acción, y puesto en marcha por el Ayuntamiento de Madrid, ha conseguido transformar este río con islas y meandros. Este espacio natural está recobrando especies de plantas y árboles y también muchas aves, reptiles y anfibios que han llenado de vida este ecosistema.

El río Manzanares, en el tramo que cruza la ciudad de Madrid, se encuentra canalizado, tal y como ocurre con la mayoría de los ríos en sus tramos urbanos. Sin embargo, la diferencia con otras ciudades y ríos radica en la existencia de una serie de presas a lo largo del tramo urbano del Manzanares, que fueron construidas en 1955 con el único objetivo de represar el agua y dar la apariencia de un río grande y caudaloso. Desde entonces, lo que ha visto la población madrileña no ha sido un ecosistema fluvial vivo, sino una sucesión de piscinas de aguas oscuras y quietas, donde jamás se veía el fondo, y donde además se producían frecuentes episodios de malos olores.

La situación, sin embargo, podía y debía cambiar. Un alto nivel de renaturalización del río a su paso por la ciudad de Madrid es perfectamente posible y viable, y sin producir apenas alteraciones en el habitual funcionamiento de la ciudad. Para ello, Ecologistas en Acción elaboró el Plan de naturalización y restauración ambiental del río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid. El proyecto consiste básicamente en abrir las presas para que fluya el agua de forma continua; la creación, dentro del encauzamiento del río, de orillas a lo largo del mismo a su paso por la ciudad y la revegetación de estas orillas con miles de árboles y arbustos autóctonos, propios del bosque de ribera.

La propuesta se presentó al Ayuntamiento de Madrid en enero de 2016, recibiendo desde el primer momento una buena acogida. De hecho, el gobierno municipal se comprometió a su desarrollo a lo largo de los próximos años, mostrando mayor sensibilidad ambiental y social que los gobiernos anteriores. Lo cierto es que el proyecto ya se ha puesto en marcha, llevando a cabo en marzo la primera actuación que se recogía en el mismo: la apertura de la totalidad de las presas que existen a lo largo del tramo urbano del río. De esta manera, ahora el agua está continuamente en movimiento, con un caudal aproximado de 3 metros cúbicos por segundo [1].

En el plan se esperaba que el río desarrollara una dinámica propia de un río libre, con sus islas, meandros, rápidos y pozas, y se produjera su progresiva regeneración ambiental, que se complementaría con la creación de orillas y su revegetación. Tras unos meses libre de presas, la naturalización efectivamente se está produciendo, pero de forma mucho más rápida e intensa que las previsiones más optimistas.

Naturalización en tiempo récord

A los pocos días de la apertura de las presas, con un caudal circulante que permite una profundidad que varía entre los 20 y los 60 centímetros, dependiendo de las zonas, aparecieron islas, meandros, pequeños rápidos y pozas. Y en menos de seis meses, la mayoría de las islas que se crearon, se han cubierto de vegetación natural prácticamente en su totalidad, además en su mayoría autóctona. La especie dominante es la enea (Typha latifolia), aunque en bastantes islas están creciendo decenas de álamos blancos y negros, sauces (Salix alba, S. salvifolia y S. atrocinerea), y también otras especies foráneas que habitan en el entorno urbano, como el plátano.

Está claro que todas estas especies han nacido de semillas, unas procedentes de especies del entorno circundante, pero otras autóctonas que no habitan en el medio urbano, y que necesariamente han llegado por el propio río, como ocurre con la enea o las diferentes especies de sauces.

A mediados de septiembre de 2016, las eneas en la mayoría de las islas superan el metro y medio de altura y existen centenares de álamos y sauces con más de dos metros de altura. Incluso algunos de ellos han superado ya los tres metros. Si abrieron las presas en marzo, eso significa que algunos sauces y álamos han crecido una media de dos centímetros diarios. El rápido e intenso desarrollo de la vegetación que se ha producido, que podríamos calificar casi de explosivo, se debe a una conjunción de factores: las altas temperaturas del verano, la presencia continua de agua con un caudal más o menos constante, y la presencia de nitrógeno y fósforo en el agua, procedente de la depuradora de aguas residuales de viveros.

La rápida y sorprendente respuesta de la vegetación ha venido acompañada también del crecimiento de la población de peces, que también ha explosionado. Ahora puede observarse de forma continua a lo largo del cauce grupos de decenas e incluso centenares de peces de varias especies. También la población de aves se ha visto sustancialmente incrementada, tanto en cantidad como en variedad de especies. Nidifica el ánade real y la gallineta, y pueden observarse a menudo la garza real, la garceta común, el martinete y el martín pescador, entre otros.

Todo esto se ha producido en tan sólo unos pocos meses, pasando a ser uno de los casos en los que el cese de la presión humana ha dado lugar a uno de los procesos de regeneración natural más rápido e intenso que se conoce, al menos en nuestras latitudes. De hecho, ha sido necesario reformular el Plan de naturalización que se estaba poniendo en marcha por parte del Ayuntamiento de Madrid. Si antes se veía necesaria la creación de orillas y revegetación en la mayor parte del trayecto urbano del río, ahora, con la proliferación de islas y orillas de forma natural, hay que repensar la actuación. Tan sólo habría que intervenir en aquellos tramos donde no se esté dando este proceso o se está produciendo de forma más lenta a causa de otros factores, siempre de origen humano.

La respuesta del río apunta a que en poco tiempo las poblaciones de peces, aves, reptiles y anfibios se siga incrementando notablemente, tanto en cantidad como en variedad de especies. Se espera que cuando el Plan de naturalización haya concluido, aparezcan de forma natural en el tramo urbano del río especies de gran interés ambiental, como por ejemplo la nutria, presente actualmente en el Manzanares aguas arriba y aguas abajo de la ciudad, pero ausente en el tramo que atraviesa la misma.

Los beneficios sociales de un río vivo

La regeneración natural que está teniendo lugar en el río, también está teniendo efectos sociales importantes. Habitualmente, y a pesar de crearse el parque lineal denominado Madrid Río, los madrileños y madrileñas apenas miraban al río cuando se veía como una sucesión de láminas de agua inertes y oscuras. Sin embargo, ahora hay bastantes personas que prestan especial atención al Manzanares. Andando por el parque Madrid Río se pueden ver paseantes que se quedan mirando cómo pescan las garzas y garcetas, cómo nadan los patos y andan las gallinetas con sus polluelos por las islas.

Hay dos aspectos que se valoran especialmente, por un lado, que el agua está transparente y se ve perfectamente el fondo arenoso y, por otro, se oye el agua correr, que no ocurría en el Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid desde mediados del pasado siglo. Al contrario de lo que algunos vecinos y vecinas temían, ahora el río no huele mal y no ha supuesto un crecimiento de la población de ratas y mosquitos, sino todo lo contrario. Si ambas cosas eran antes frecuentes por el agua estancada, desde que corre el agua se han reducido al mínimo.

Una vez más la naturaleza nos demuestra que si se levanta la presión sobre la misma, rápidamente tiende a regenerarse, lo que se traduce en un incremento sustancial de la biodiversidad y de sus valores estéticos, así como en una mejora social considerable. Como ocurre con el Manzanares a su paso por Madrid, que ahora resulta más atractivo y agradable, y con el que se encuentran casi a diario durante una buena parte de su vida, decenas e incluso cientos de miles de madrileños y madrileñas. La renaturalización de los ríos a su paso por las ciudades son proyectos que deberían impulsarse desde los gobiernos municipales, pues con un presupuesto reducido y en un corto periodo de tiempo, se pueden obtener importantes mejoras medioambientales y sociales.




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