Exigen la clausura del vertedero de Pedralba tras el incendio

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Esta es la cuarta vez que arde la basura de este sumidero en los últimos dos años como consecuencia de la ruptura de los estándares establecidos por la autorización ambiental de la instalación, que no permite la entrada de residuos ‘peligrosos’ y requiere el mantenimiento adecuado de los vasos de vertido.

El pasado viernes, 14 de julio, se registró un incendio en el vertedero del término municipal de Pedralba, el cuarto de los dos últimos años. Ecologistas en Acción del País Valencià, en su compromiso con la protección del medio ambiente, denuncia la mala gestión y pide el cierre inmediato de las instalaciones por la violación de la licencia adquirida, que no contempla el tratamiento de residuos peligrosos. La empresa GIRSA, propiedad de la Diputación Provincial de Valencia y de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), es la encargada de supervisar el funcionamiento del sumidero y no parece respetar los términos de la autorización ambiental que le fue otorgada, siendo responsable del origen de las llamas y de las emisiones contaminantes resultantes de la combustión. De hecho, el Juzgado nº 4 de Lidia está investigando la presencia de material y desechos hospitalarios en los vasos de vertido lo que certificaría que se quebrantaron las normas de almacenamiento y procesamiento.

Luis Suller, miembro de Ecologistas en Acción de La Serranía, advierte que los depósitos se verán colmatados en apenas tres años, a pesar de que las previsiones arrojaban un margen de, al menos, diez años más de vida para estos almacenes gigantescos de basura. Asimismo, el colectivo ecologista señala que el consistorio de la localidad no activó ningún protocolo efectivo de actuación ni se molestó en avisar a la población de lo sucedido o del riesgo de las sustancias esparcidas en el aire de las zonas aledañas al incidente. En ocasiones anteriores, los gases de otros incendios provocaron numerosos casos de cefalea y problemas respiratorios en los habitantes del municipio.

El vertedero de Pedralba fue inaugurado en 1993 con el cometido de albergar residuos sólidos urbanos de las comarcas cercanas y, de esta manera, comenzó a recibir grandes cantidades de desechos que se amontonaban sin la clasificación o el tratamiento previo correspondientes. Más tarde, estuvo clausurado y pendiente de sellado durante años hasta que se aprobó su reapertura, a partir de la implementación del Plan Zonal de Residuos Sólidos, para el tratamiento de residuos industriales ‘no peligrosos’.

Desde entonces, las labores de mantenimiento del mismo no se han ajustado a los requisitos de seguridad de cualquier instalación en la que se acumulen residuos urbanos y restos inflamables como el plástico u otros elementos procedentes de la construcción. Es más, bajo la montaña de desperdicios, los procesos de descomposición de la materia orgánica generan grandes cantidades de metano y otros gases que, como consecuencia de las altas temperaturas estivales, pueden desencadenar la combustión de los materiales. Cada vez que se produce un incendio, la estructura del vaso de contención sufre fisuras por las que escapan las emisiones del vertedero y agravan su impacto ambiental.

La proliferación de sumideros y escombreras por la geografía del Estado español y, en concreto, del País Valencià, constituye una amenaza cada vez más presente para el entorno natural y la salud de las personas. Carlos Arribas, responsable de Residuos de Ecologistas en Acción, asevera que “los vertederos son una bomba de relojería y un riesgo constatado para la salud pública, los fluidos y las emanaciones que desprenden contaminan agua, suelo y aire”. Según el experto, los depósitos jóvenes con protocolos exhaustivos de vigilancia y mantenimiento pueden evitar, en el mejor de los casos, la salida al exterior de la mitad de los gases y lixiviados (emisiones líquidas) derivados de las reacciones químicas que se dan en su interior.

Es necesaria una profunda reflexión de nuestro modelo de desarrollo, la producción de basura urbana no cesa de aumentar en los países occidentales y una enorme cantidad de los desperdicios acaban abandonados en terrenos no preparados para ello y sin un tratamiento previo.




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